15 de agosto de 2012
La lámpara de la memoria
31 de xullo de 2012
La lámpara del poder
In thus reverting to the memories of those works of architecture by which we have been most pleasurably impressed, it will generally happen that they fall into two broad classes: the one characterized by an exceeding preciousness and delicacy, to which we recur with a sense of affectionate admiration; and the other by a severe, and, in many cases, mysterious, majesty, which we remember with an undiminished awe, like that felt at the presence and operation of some great Spiritual Power. From about these two groups, more or less harmonised by intermediate examples, but always distinctively marked by features of beauty or of power, there will be swept away, in multitudes, the memories of buildings, perhaps, in their first address to our minds, of no inferior pretension, but owing their impressiveness to characters of less enduring nobility to value of material, accumulation of ornament, or ingenuity of mechanical construction. Especial interest may, indeed, have been awakened by such circumstances, and the memory may have been, consequently, rendered tenacious of particular parts or effects of the structure; but it will recall even these only by an active effort, and then without emotion; while in passive moments, and with thrilling influence, the image of purer beauty, and of more spiritual power, will return in a fair and solemn company; and while the pride of many a stately palace, and the wealth of many a jewelled shrine, perish from our thoughts in a dust of gold, there will rise, through their dimness, the white image of some secluded marble chapel, by river or forest side, with the fretted flower-work shrinking under its arches, as if under vaults of late-fallen snow; or the vast weariness of some shadowy wall whose separate stones are like mountain foundations, and yet numberless.»
31 de outubro de 2011
La cultura del silencio
«¿Qué tienen en común la explosión de la nave espacial Columbia, la crisis del New York Times y los escándalos financieros de Enron, Tyco Electronics, Worldcom, HealthSouth? Según The Concours Group and VitalSmarts, un grupo de asesores especializados en el management de crisis, estas organizaciones que tuvieron grandes dificultades en el 2003 compartían una misma "cultura del silencio". "Todos estos fracasos hubieran podido evitarse -explica el presidente de VitalSmarts, Joseph Grenny- si estas organizaciones hubiesen prestado más atención a un rasgo decisivo de su cultura: la manera en que gestionan las conversaciones cruciales", que comportan apuestas decisivas durante la aplicación de un proyecto y que tienen tendencia a ser eludidas por temor, conformismo o simple dejadez.
Un estudio de este mismo grupo de asesores, publicado en febrero de 2007 y titulado Silence Fails, remata la cuestión. Realizado en Estados Unidos, mediante entrevistas a un millar de dirigentes de unas cuarenta empresas y el análisis de 2.200 proyectos industriales en sectores de actividad tan diversos como la industria farmacéutica, la aviación, los servicios financieros y bancarios, las agencias gubernamentales o los productos de consumo, llega a una conclusión sorprendente: el "silencio organizativo" es responsable del fracaso del 85 por 100 de esos programas.»
Trad. de Inés Bértolo
16 de agosto de 2011
El bufón y la Venus
«¡Memorable jornada! Desfallece el ancho parque bajo el ardiente ojo del sol, como la juventud bajo el imperio de Venus.
Ni un ruido que exprese el éxtasis universal de las cosas; hasta las agujas están como dormidas. Muy al contrario de las fiestas humanas; estamos ante una orgía silenciosa.
Se diría que una luz, siempre creciente, hace brillar cada vez más los objetos; que las flores, excitadas, arden el deseos de rivalizar con el azul del cielo en la energía de sus colores, y que el calor, haciendo visibles los perfumes, los empuja como humaredas hacia el astro.
Sin embargo, en medio de este júbilo universal, he observado a un ser afligido.
A los pies de una colosal Venus, uno de esos locos artificiales, uno de esos bufones voluntarios encargados de hacer reír a los reyes cuando el Remordimiento o el Hastío los apresa, envuelto en su atuendo deslumbrante y ridículo, tocada la cabeza con cuernos y campanillas, acurrucado contra el pedestal, alza los ojos cargados de lágrimas hacia la Diosa inmortal.
Y sus ojos dicen: "Soy el último y más solitario de los humanos, privado de amor y de amistad, y muy inferior en este punto al más imperfecto de los animales. Pese a ello yo también estoy hecho para comprender y sentir la Belleza inmortal. ¡Ah!, Diosa, tened piedad de mi tristeza y de mi desvarío".
Pero la Venus implacable sigue mirando no sé qué, a lo lejos, con sus ojos de mármol.»
El esplín de París, VII
Trad. de Francisco Torres Monreal
31 de maio de 2011
La visita
«27. Monday. Travelled from Betanzos to Castillano. The roads still mountainous and rocky. We broke one of our axletrees, early in the day, which prevented us from going more than four leagues in the whole.
The house where we lodge is of stone, two stories high. We entered into the kitchen, — no floor but the ground, and no carpet but straw, trodden into mire by men, hogs, horses, mules, &c. In the middle of the kitchen was a mound, a little raised with earth and stone, upon which was a fire, with pots, kettles, skillets, &c. of the fashion of the country, about it. There was no chimney. The smoke ascended, and found no other passage than through two holes drilled through the tiles of the roof, not perpendicularly over the fire, but at angles of about forty-five degrees. On one side was a flue oven, very large, black, smoky, and sooty; on the opposite side of the fire was a cabin filled with straw, where I suppose the patron della casa, that is, the master of the house, his wife, and four children, all pigged in together. On the same floor with the kitchen was the stable; there was a door which parted the kitchen and stable, but this was always open, and the floor of the stable was covered with miry straw like the kitchen. I went into the stable, and saw it filled on both sides with mules belonging to us and several other travellers, who were obliged to put up by the rain.
The smoke filled every part of the kitchen, stable, and other parts of the house as thick as possible, so that it was very difficult to see or breathe. There was a flight of steps of stone, from the kitchen floor up into a chamber, covered with mud and straw; on the left hand, as you ascended the stairs, was a stage built up about half way from the kitchen floor to the chamber floor; on this stage was a bed of straw on which lay a fatting hog. Around the kitchen fire were arranged the man, woman, four children, all the travellers, servants, muleteers, &c. The chamber had a large quantity of Indian corn in ears, hanging over head upon sticks and pieces of slit work — perhaps an hundred bushels; in one corner was a large bin full of rape seed or colza; on the other side, another bin full of oats. In another part of the chamber lay a bushel or two of chestnuts, two frames for beds, straw beds upon them, a table in the middle. The floor had never been washed nor swept for an hundred years; smoke, soot, dirt everywhere; two windows in the chamber, that is, port-holes, without any glass; wooden doors to open and shut before the windows. Yet, amidst all these horrors, I slept better than I have done before since my arrival in Spain.»
The works of John Adams, second president of the United States.
Boston: Little & Brown, 1851, vol. III, pp. 241-242.
13 de xuño de 2010
Dispepsia
«Cerrar de vez en cuando las puertas y ventanas de la conciencia; no ser molestados por el ruido y la lucha con que nuestro mundo subterráneo de órganos serviciales desarrolla su colaboración y oposición; un poco de silencio, un poco de tabula rasa de la conciencia, a fin de que de nuevo haya sitio para lo nuevo, y sobre todo para las funciones y funcionarios más nobles, para el gobernar, el prever, el predeterminar (pues nuestro organismo está estructurado de manera oligárquica) – éste es el beneficio de la activa, como hemos dicho, capacidad de olvido, una guardiana de la puerta, por así decirlo, una mantenedora del orden anímico, de la tranquilidad, de la etiqueta: con lo cual resulta visible en seguida que sin capacidad de olvido no puede haber ninguna felicidad, ninguna jovialidad, ninguna esperanza, ningún orgullo, ningún presente. El hombre en que ese aparato de inhibición se halla deteriorado y deja de funcionar es comparable a un dispéptico (y no sólo comparable–), ese hombre no "digiere" íntegramente nada...»
Trad. de A. Sánchez Pascual Madrid: Alianza, 2006
Imagen: anuncio de prensa, 1916
8 de abril de 2010
Memento mori
«¿Quién, ante una casa de pisos parisién, no ha pensado nunca que era indestructible? Puede hundirla una bomba, un incendio, un terremoto, pero ¿si no? Una ciudad, una calle o una casa comparadas con un individuo, una familia o hasta una dinastía, parecen inalterables, inasequibles para el tiempo o los accidentes de la vida humana, hasta tal punto que creemos poder confrontar y oponer la fragilidad de nuestra condición a la invulnerabilidad de la piedra. Pero la misma fiebre que hizo surgir del suelo estos edificios, en Les Batignolles como en Chichy, en Ménilmontant como en La Butte-aux-Cailles, en Balard como en Le Pré-Saint-Gervais, no parará ahora hasta destruirlos.
Vendrán las empresas de derribos y sus brigadas romperán los enlucidos y los alicatados, hundirán los tabiques, doblarán los herrajes, dislocarán las vigas y los cabios, arrancarán los morrillos y los sillares: imágenes grotescas de una casa derruida, reducida a sus materias primas, cuyos montones vendrán a disputarse unos chatarreros de guantes gruesos: el plomo de las cañerías, el mármol de las chimeneas, las madera de los armazones y los entarimados, de las puertas y los zócalos, el cobre y el latón de los picadores y los grifos, los grandes espejos y el oro de sus marcos, el mármol de los fregaderos, las bañeras, el hierro forjado de la barandilla de las escaleras...
Las incansables excavadoras de los niveladores vendrán a cargar el resto: toneladas y más toneladas de cascotes y polvo.»
Traducción de Josep Escué
7 de decembro de 2009
La advertencia
«Los enfermizos son el gran peligro del hombre: no los malvados, no los "animales de presa". Los de antemano lisiados, vencidos, destrozados -son ellos, son los más debiles quienes más socavan la vida entre los hombres, quienes más peligrosamente envenenan y ponen en entredicho nuestra confianza en la vida, en el hombre, en nosotros. ¿En qué lugar se podría escapar a ella, a esa mirada velada, que nos inspira una profunda tristeza, a esa mirada vuelta hacia atrás, propia de quien desde el comienzo en un engendro, mirada que delata el modo en que tal hombre se habla a sí mismo, -a esa mirada que es un sollozo? "¡Ojalá fuera yo otro cualquiera!, así solloza esa mirada: pero no hay ninguna esperanza. Soy el que soy: ¿cómo podría escaparme de mí mismo? Y, sin embargo, -¡estoy harto de mí!..." En este terreno del autodesprecio, auténtico terreno cenagoso, crece toda mala hierba, toda planta venenosa, y todo ello muy pequeño, muy escondido, muy honesto, muy dulzón. Aquí pululan los gusanos de los sentimientos de venganza y rencor; aquí el aire apesta a cosas secretas e inconfesables; aquí se teje permanentemente la red de la más malévola conjura, -la conjura de los que sufren contra los bien constituidos y victoriosos, aquí el aspecto del victorioso es odiado. ¡Y cuánta mendacidad para no reconocer que ese odio es odio! ¡Qué derroche de grandes palabras y actitudes afectadas, qué arte de la difamación justificada! Esas gentes mal constituidas: ¡qué noble elocuencia brota de sus labios! ¡Cuánta azucarada, viscosa, humilde entrega brota de sus ojos! ¿Qué quieren propiamente? Representar al menos la justicia, el amor, la sabiduría, la superioridad -¡tal es la ambición de esos "ínfimos", de esos enfermos!»
Trad. de A. Sánchez Pascual
Madrid: Alianza, 2006
8 de agosto de 2009
Color ##: anexo 1
«Piénsese además que, cuando digo que son cuatro las pasiones que perturban el alma -deseo, alegría, miedo y tristeza- lo saco de la memoria. Y, si quisiera disputar sobre ellas analizando y definiendo cada una de estas pasiones según sus especies y géneros respectivos, de allí saco lo que he de decir. Pero, cuando recuerdo estos sentimientos evocándolos en mi memoria, ya no me producen perturbación alguna. Con todo, allí estaban antes de que yo los evocase y volviese sobre ellos. El recuerdo tiró de ellas y salieron a la luz.
¿No salieron, quizá, de la memoria a través del recuerdo como sale la comida del vientre de los rumiantes? Pero entonces, ¿por qué el hombre cuando discute -es decir, cuando las recuerda- no siente en la boca de su alma la dulzura de la alegría o la amargura de la tristeza? ¿Es, acaso, porque el símil puesto, que no es semejante en todo, es precisamente desemejante en esto? Pues si tuviéramos que experiementar tristeza o miedo siempre que mencionamos estas pasiones, ¿quién querría hablar de estas cosas?»
Madrid: Alianza, 1999
8 de marzo de 2009
Elogio del recuerdo
«Esa dicha de la contemplación sin volición es finalmente la que dota de un encanto singular a lo pasado y lo lejano, y por medio de un autoengaño nos los presenta revestidos de una luz tan embellecedora. Al recordar los días de un pasado lejano vividos en un lugar distante, son sólo los objetos lo que nuestra fantasía evoca, y no el sujeto de la voluntad, que, entonces como ahora, llevaba consigo sus penas incurables; pero éstas están olvidadas, pues desde entonces ya han dejado lugar a otras. La contemplación objetiva actúa en el recuerdo como actuaría en las cosas del presente si nos propusiéramos entregarnos a ellas libres de la voluntad. Ésta es la razón de que, especialmente cuando alguna necesidad nos inquieta más de lo habitual, el recuerdo repentino de escenas del pasado y de lo lejano se nos aparezca como un paraíso perdido.(...)»
El mundo como voluntad y representación
Madrid: Akal, 2005
Entradas relacionadas:
● El consuelo de la Historia
● El dolor: viceversa
● Las lamentaciones
29 de novembro de 2008
El dolor (II)
«Amé tanto a mi padre que ya nunca he podido amar a nadie más, te habrás dado cuenta, no te habrá pasado inadvertido, tú lo sabes, le amaba como todos los niños aman a su padre, pero sin alegría, yo le amaba con dolor, un dolor que formó parte de mi vida desde que tengo uso de razón, recuerdo con toda claridad el punzante dolor a los dos años, a los tres años, un dolor tenaz, como un tornillo que gira y perfora sin llegar nunca a ajustar, yo me preguntaba si alguna vez cesaría el dolor, si llegaría un día, cuando fuera un adulto como mi padre, en que el dolor desaparecería, pero no cesó, se fue espesando hasta hacerse como una nube y yo vivía en esa nube, dentro de esa nube, hoy el dolor continúa igual que entonces hincado en mi corazón, no me deja respirar, muy pocos saben lo que es el dolor metido en la cabeza de un niño, aunque esté gozoso está dolorido, todo es dolor y formas del dolor, ése es mi mundo.
(...)
El dolor es una niebla, la llevas contigo a donde vayas, estás sumergido en el dolor, un niño no tiene defensa, no sabe ni siquiera lo que le duele, no puede luchar contra el dolor porque no sabe que está poseído por el dolor, a veces está alegre, parece jovial, juega con los otros niños, pero es una imitación, imita a los otros niños con mucha obediencia para no distinguirse, pero está separado de ellos por una barrera, está encerrado en la burbuja de su dolor, sin escapatoria, se ve a sí mismo jugando con otros niños y hace esfuerzos para ser como los demás niños, pero sólo puede imitar y sabe que está imitando, no tiene más compañía que su dolor, por eso no he podido ayudarte ni podré ayudar a nadie nunca (...).»
Barcelona: Anagrama, 2003
Entradas relacionadas: El dolor (I); La rueda de Ixión
8 de agosto de 2008
Conciencias (II)
"La conciencia individual se aparecía bruscamente, sin motivo aparente, en mitad de las razas animales; no cabía duda de que precedía ampliamente al lenguaje. Con su finalismo inconsciente, los darwinianos hacían hincapié, como de costumbre, en las hipotéticas ventajas selectivas relacionadas con su aparición, y como de costumbre eso no explicaba nada, era sólo una amable reconstrucción mítica; pero el principio antrópico no era más convincente. El mundo se había regalado un ojo capaz de contemplarlo, un cerebro capaz de comprenderlo; sí, ¿y qué? (...)"
31 de maio de 2008
El apareamiento: viceversa
«La lujuria, entendida fuera de todo concepto moral y como elemento esencial de dinamismo de la vida, es una fuerza. Para una estirpe fuerte, la lujuria, al igual que el orgullo, no es un pecado capital. Al igual que el orgullo, la lujuria es una virtud estimulante, un fuego del que se nutren las energías.
(…)
Un ser fuerte debe realizar todas sus posibilidades carnales y espirituales. La lujuria es un tributo a los conquistadores. Tras una batalla en la que han muerto hombres, es normal que los victoriosos, seleccionados por la guerra, se vean impelidos, en la tierra conquistada, hasta el estupro para recrear la vida. Después de las batallas, los soldados aman la voluptuosidad, en la que se relajan, para renovarse, las energías en continuo asalto.
(…)
La lujuria estimula las energías y desencadena las fuerzas. Ella empujaba implacablemente a los hombres primitivos a la victoria, por el orgullo de llevar a la mujer los trofeos de los vencidos. Ella empuja hoy a los grandes hombres de negocios que gobiernan la banca, la prensa y los tráficos internacionales a multiplicar el oro, creando núcleos, utilizando energías, exaltando a las multitudes para adornar, enriquecer y magnificar el objeto de su lujuria.
Estos hombres, sobrecargados de obligaciones pero fuertes, encuentran tiempo para la lujuria, motor principal de sus acciones y de las consiguientes reacciones que repercuten sobre una pluralidad de gentes y de mundos.
(…)
Para los héroes, para los creadores espirituales, para los dominadores de cualquier campo, la lujuria es la exaltación magnífica de su fuerza: para todo ser, es una motivación a superarse, con el simple intento de emerger, de ser notado, de ser escogido, de ser elegido.
(…)
¡Destruyamos las siniestras baratijas románticas, las margaritas deshojadas, los dúos bajo la luna, los falsos pudores hipócritas! Que los seres aproximados por una atracción física, en lugar de hablar exclusivamente de sus frágiles corazones, osen expresar sus deseos, las preferencias de sus cuerpos, pregustando las posibilidades de gozo o de ilusión de su futura unión carnal.
(…)
La lujuria es una fuerza porque afina el espíritu purificando con el fuego las turbulencias de la carne. De una carne sana y fuerte, purificada por las caricias, el espíritu mana lúcido y claro. Sólo los débiles y los enfermos se engatusan y envilecen con ella.
La lujuria es una fuerza, porque mata a los débiles y exalta a los fuertes, favoreciendo la selección.
La lujuria es una fuerza, por último, porque no conduce nunca a la miseria de las cosas seguras y definitivas, prodigada por la tranquilizante sentimentalidad. La lujuria es una perpetua batalla nunca del todo ganada. Tras el triunfo pasajero, en el mismo efímero triunfo, aparece la renacida insatisfacción que, en una voluntad orgiástica, empuja al ser a abrirse, a superarse.
La lujuria es para el cuerpo lo que el ideal es para el espíritu: la magnífica quimera, eternamente abrazada y nunca capturada, la que los seres jóvenes y ávidos, de ella embriagados, persiguen sin tregua.
La lujuria es una fuerza.»
París, 11 de enero de 1913. [texto íntegro]
Imagen: Miguel Ángel, Victoria (1532-34)
30 de decembro de 2007
El dolor: viceversa
"... esa disposición de ánimo puramente objetiva la facilitan y la promueven exteriormente los objetos que se nos ofrecen, por la exhuberancia de la naturaleza bella, que seduce y atrae a su contemplación. Siempre que de improviso aparece a nuestros ojos y, aunque sea sólo por instantes, nos sustrae a la subjetividad, a la esclavitud de la voluntad, y nos traslada al estado de conocimiento puro. Por eso, quien está atormentado por las pasiones o por la miseria y la preocupación se alivia, se serena y se anima repentinamente con una única mirada libre a la naturaleza; la borrasca de las pasiones, la opresión del deseo y del miedo, y todo tormento de la volición se calman enseguida de un modo admirable. Pues en el instante en que, liberados de la volición, nos abandonamos al conocimiento puro, sin voliciones, es como si entráramos en otro mundo donde todo lo que mueve a nuestra voluntad y nos sacude violentamente no existe."
Arthur Schopenhauer. El mundo como voluntad y representación. Libro tercero, 38.
Imagen: Agurdión.
3 de xaneiro de 2007
La imagen en las nubes
«A veces vemos una nube que es dragónica,
un vapor a veces como un oso o un león,
una ciudadela torreada, una roca pendiente,
una montaña bífida, o un promontorio azul
con árboles que cabecean hacia el mundo
y burlan con aire nuestros ojos.»
Shakespeare, Antonio y Cleopatra. (tomado de E. Gombrich, Arte e Ilusión)
30 de decembro de 2006
Del gusto popular por el paisaje
«A principios del siglo XIX se reconoció que estaba cambiando la posición de la pintura del paisaje. (...) Una escena apacible, con agua en primer término reflejando un cielo luminoso y realzada por unos árboles oscuros, era algo que todos estaban de acuerdo en encontrar hermoso, lo mismo que, en época anteriores, habían estado de acuerdo acerca de un atleta desnudo o acerca de una santa con los brazos cruzados sobre el pecho. En cuanto a un extenso panorama, se ha operado un gran cambio desde que Petrarca subió al monte Ventoux y, a excepción del amor, posiblemente no hay nada capaz de unir a gente de toda clase tanto como el placer de una buena vista.
Es generalmente cierto que todos los cambios o ampliaciones del gusto popular tienen su origen en la visión de un gran artista o grupo de artistas, que es aceptada a veces rápidamente, a veces gradualmente, y siempre inconscientemente, por el espectador profano. El gusto popular por el paisaje surgió por causas complejas, y se impuso a causa de los esfuerzos de numerosos pintores de segunda categoría. Puramente como imágenes populares, las pinturas de Calcott, Collins, Pickersgill y otras mediocridades son durante mucho tiempo tan importantes como las de Constable. En contraste con la afirmación de Gainsborough de que no valía la pena pintar un solo paisaje fuera de Italia, Constable dijo que su arte podía encontrarse debajo de cualquier seto. (...)»

Imagen: John Constable, El carro de heno
5 de decembro de 2006
Puntos de vista (III)

“Impulsado únicamente por el deseo de contemplar un lugar célebre por su altitud, hoy he escalado el monte más alto de esta región, que no sin motivo llaman Ventoso. Hace muchos años que estaba en mi ánimo emprender esta ascensión; de hecho, por ese destino que gobierna la vida de los hombres, he vivido –como ya sabes– en este lugar desde mi infancia y ese monte, visible desde cualquier sitio, ha estado casi siempre ante mis ojos.
(…)
Lo prolongado del día, la suavidad del aire, la fortaleza de nuestra determinación, el vigor y la agilidad corporales y el resto de las circunstancias favorecían a los caminantes; sólo la naturaleza del lugar suponía un obstáculo. En una loma de la montaña nos topamos con un anciano pastor que trató de disuadirnos por todos los medios y con abundantes razones de que continuáramos el ascenso, relatándonos como cincuenta años antes, empujado del mismo ardor juvenil, había ascendido hasta la cumbre, sin que ello le reportara sino arrepentimiento y fatiga, el cuerpo y las ropas desgarrados por las rocas y los matorrales; tampoco sabía de nadie que antes o después de aquella vez hubiera osado hacer otro tanto.
(…)
Alterado por cierta insólita ligereza del aire y por el escenario sin límites, permanecí como privado de sentido. Miré en torno de mí: las nubes estaban bajo mis pies y ya me parecían menos increíbles el Atos y el Olimpo mientras observaba desde una montaña de menor fama lo que había leído y escuchado acerca de ellos. Después dirigí mi mirada hacia las regiones de Italia, a donde se inclina más mi ánimo; los Alpes mismos, helados y cubiertos de nieve, a través de los cuales aquel fiero enemigo del nombre de Roma pasó, resquebrajando la roca con vinagre, si hemos de creer la leyenda, parecían estar cerca de mí, cuando, sin embargo, distaban un gran trecho de donde yo me encontraba.
(…)
Mientras contemplaba estas cosas en detalle y me deleitaba en los aspectos terrenales un momento, para en el siguiente elevar, a ejemplo del cuerpo, mi espíritu a regiones superiores, se me ocurrió consultar el libro de las Confesiones de Agustín (…) En lo primero donde se detuvieron mis ojos estaba escrito: “Y fueron los hombres a admirar las cumbres de las montañas y el flujo enorme de los mares y los anchos cauces de los ríos y la inmensidad del océano y la órbita de las estrellas y olvidaron mirarse a sí mismos”. (…)”
[Francesco Petrarca, epístola que narra la subida al Monte Ventoso (1353), en Rerum familiarum libri, IV, 1.]
*Imagen: cumbre del monte al que se refiere el autor, conocido como Mont Ventoux, en el sur de Francia. Con casi 2.000 metros de altura, es una montaña aislada y árida, popular por ser paso ocasional del Tour de Francia.
25 de novembro de 2006
Puntos de vista (II)
Benidorm en positivo
[extracto del artículo de Juan Fernández Galiano publicado en el suplemento Babelia de El País del 3 de agosto de 2002]
Benidorm es una hamburguesa: el McDonald's del turismo, una admirable combinación de calidad y precio que el esnobismo ignorante contempla desdeñosamente, pero cuyo testarudo éxito debería suscitar más emulación que recelo. Benidorm es también la ciudad de España con más rascacielos, una colosal acumulación de torres que el viajero descubre, tras una curva de autopista entre cerros abrasados, como una alucinación de la fatiga o un espejismo del calor. Y Benidorm es sobre todo un extraordinario experimento social, una invención económica y publicitaria que en medio siglo ha construido una empresa urbana de excepcional eficacia en el uso del territorio y los recursos naturales.
(...)
Robert Venturi y Denise Scott Brown mostraron a los arquitectos el atractivo estrepitoso de Las Vegas; los 'nuevos urbanistas', liderados por Andrés Duany y Elizabeth Plater-Zyberk, extrajeron lecciones de la seducción ciudadana de Disneylandia; y Rem Koolhaas descubrió fascinado la energía violenta de la congestión en las nuevas ciudades de la costa pacífica de Asia. Pues bien, Benidorm amalgama los placeres vulgares de Las Vegas, la amabilidad peatonal de Disneylandia y la implacable eficacia de las urbes asiáticas en una síntesis mediterránea y valenciana que convence por igual a los británicos o a los holandeses, a los madrileños o a los vascos.
(...)
Cuando este periódico publicó en la portada del suplemento dominical una extraordinaria imagen aérea del centenar de torres que se aglomeran en la playa de Levante de Benidorm, inmediatamente las cartas de los lectores deploraron que fuese aquélla la imagen de España. Pero esta ciudad vulgar y vibrante es una colosal maquinaria para hacer circular el dinero y el placer, una versión vertical de la urbanidad mediterránea y un teatro titánico o trivial del ocio bacanal y banal de la Europa subalterna.
28 de setembro de 2006
El Leteo
«Ven a mi pecho, alma sorda y cruel,
Tigre adorado, monstruo de aire indolente;
Quiero enterrar mis temblorosos dedos
En la espesura de tu abundosa crin;
Sepultar mi cabeza dolorida
En tu falda colmada de perfume
Y respirar, como una ajada flor
El relente de mi amor extinguido.
¡Quiero dormir! ¡Dormir más que vivir!
En un sueño, como la muerte, dulce,
Estamparé mis besos sin descanso
Por tu cuerpo pulido como el cobre.
Para ahogar mis sollozos apagados,
Sólo preciso tu profundo lecho;
El poderoso olvido habita entre tus labios
Y fluye de tus besos el Leteo.
Mi destino, desde ahora mi delicia,
Como un predestinado seguiré;
Condenado inocente, mártir dócil
Cuyo fervor se acrece en el suplicio.
Para ahogar mi rencor, apuraré
El nepentes1 y la cicuta amada,
Del pezón delicioso que corona este seno
El cual nunca contuvo un corazón.»
Charles Baudelaire, en Las flores del mal
1Pócima del olvido, vinculada a la mitología griega. Se menciona por primera vez en la Odisea de Homero. Literalmente significa "la que quita la pena".
Imagen: Gustav Klimt, Serpientes de agua
17 de agosto de 2006
Atardecer

"La puesta de sol fue tan bella, tan grandiosa, con sus masas de nubes de colores espléndidos, que se congregó casi una multitud en el paseo que bordea el precipicio del viejo cementerio para contemplar tanta belleza. Antes de que el sol se hundiera tras la oscuridad (...), una miríada de nubes de todos los colores del crepúsculo marcó su camino descendente: fuego, púrpura, rosa, verde, violeta, y todos los tonos de dorado; aquí y allá, cúmulos no demasiado grandes, pero de una negrura aparentemente absoluta, con formas de todo tipo, delineadas como colosales siluetas."


