Metáforas ambas de una misma voluntad de retiro y evitación social, las ideas de un íntimo escondite primero y de una hermética fortaleza un poco más tarde se filtran sin disimulo en las entradas de este blog. La mayoría de las veces, las dos aparecen mezcladas por su parecido simbolismo, confundidas a raíz de su linaje misántropo, huraño y receloso de las gentes. Pero hay entre ellas diferencias fundamentales que las convierten en las dos caras opuestas de la misma moneda.
En realidad, el progresivo esfuerzo por construir desde este blog una fortaleza es una equivocación, una degradación del ideal, una pérdida. La fortaleza no es un lugar placentero ni deseable; no es un locus amoenus como el escondite. La fortaleza es un lugar que se pone de espaldas, que se construye con relación a, pero no independientemente de. Se trata de un acto de resistencia, de hacer un enorme esfuerzo por contener, a base de fuerza bruta, una serie de empujes provenientes de los alrededores, configurando pues un islote asediado, una Constantinopla que está condenada a sucumbir ante un ejército cada vez más grande y convencido.
Cuanto más grande, espectacular y brillante es una muralla, cuanto con más orgullo se torrea y abandera, más crece su exposición a los ojos del enemigo y más se inflama el mito por los tesoros que contiene. En último término, la fortaleza acaba por alzarse en el medio y medio del país del que quiere protegerse, como infame pero codiciado protagonista, y su final ya es sólo cuestión de tiempo. Por eso una fortaleza está muy lejos de ser un verdadero escondite.
Un verdadero escondite no está en el meollo del sistema ni sus muros ejercen tareas de contención de los empujes exteriores; al contrario, se encuentra en un lugar incierto, periférico, marginal, y sus muros se confunden con los árboles y con espesas masas de matorrales. El escondite es un lugar que no se define por oposición, pues sólo puede existir en un lugar ajeno a todo interés de la sociedad -sea por feo, por pobre o por desconocido- y no necesita esforzarse para prevalecer, tan sólo confiar en el poder de la más positiva ignorancia -de la propia y de la ajena- que protege contra catástrofes como la llegada de descubridores, exploradores, conquistadores y turistas.
En ningún caso puede el escondite ser un objeto de disputa para los humanos del momento, como lo es la otrora evitada orilla del mar, o los principales destinos de vacaciones, o los más céntricos solares de las más importantes ciudades, o los percebes. Desde luego, el escondite representa todo lo contrario a lugares públicos de confluencia masiva, como una autopista, un museo de talla internacional o las más afamadas plazas del mundo, entre otros lugares donde queda terminantemente prohibido sentarse a comer un bocadillo, lógicamente para evitar el colapso que provocaría que todo el mundo lo hiciese, pues estos espacios están concebidos para la circulación ininterrumpida de grandes cantidades de personas. Pero tampoco debe confundirse el escondite con los reductos privados de ocupación restringida, cuando dicha ocupación se encuentra en litigio - véanse los más lujosos chalés en los lugares más privilegiados o la casa-fortín de Bin Laden en Abbottabad.
El escondite son los días que, tras un calor sofocante, amenaza tormenta, y entonces uno descubre con emoción que no hay nadie por los caminos de las afueras, porque todo el mundo se ha ido a la playa. Un escondite nunca puede ser la ciudad del valle, con sus graneros celosamente protegidos por las murallas, porque está siempre allí, inmóvil y a la vista de los hambrientos y desesperados nómadas, y sus muros son como los que hacen los niños en la arena para intentar detener la subida de la marea. Todo lo contario, el escondite es un rincón de la abisal caverna donde hace escala el cazador-recolector y donde se queda hipnotizado por el vaivén de los espíritus que proyecta el fuego sobre las paredes.
Imágenes: 1) Diógenes el Cínico viviendo en su tinaja, según J. W. Waterhouse (1882): ejemplo de acastillamiento dentro de la sociedad. 2) El autobús abandonado en que vivió Alexander Supertramp en Alaska, según la película Into the Wild (Sean Penn, 2007): ejemplo radical de escondite.
31 de agosto de 2011
La fortaleza y el escondite: las caras de la moneda
16 de maio de 2011
La cerca
Al poco de llegar a nuestra nueva tierra, nos dimos cuenta de que las cosas no iban a ser tan sencillas como pintaban en un principio. En el proyecto las cosas se veían simples y fáciles de ejecutar. Montamos provisionalmente una gran tienda al pie de la roca, toda llena de cintas que ondeaban con la brisa de la tarde, y lenta e intuitivamente, sin aparejador ni canteros, comenzamos a levantar el muro oriental de la finca.
Al terminar, contemplamos satisfechos el trecho que habíamos levantado y nos fuimos a dormir. Pero a la mañana siguiente, nos encontramos con la obra extrañamente derribada y todas sus piedras esparcidas por el suelo como al principio. Un poco contrariados, volvimos a empezar fijándonos mejor en la colocación de cada mampuesto, como si desconfiásemos un poco de haberlos colocado mal la primera vez, de que nuestra mera intuición no fuese suficiente.
Al terminar, miramos aún más contentos que el día anterior el avance de la obra, y aún pensamos que haberla tenido que rehacer nos había permitido mejorarla. Pero a la mañana siguiente, nos encontramos con la misma escena que la anterior: todas las piedras desmoronadas y esparcidas por el suelo, como si un elefante se hubiese estrellado contra el muro mientras el mortero aún estaba fresco. Desconcertados, nos asomamos afuera y miramos alrededor, a lo ancho de aquel erial que dormía en la orilla del Lete, y sólo encontramos una pobre casita de tejas viejas, tendida sin abrigo en la desolada llanura. Resignados, comenzamos otra vez el trabajo, con la esperanza de que esta vez las cosas sucediesen sin inconvenientes.
Cuando por tercera vez vimos terminado un trecho de la cerca, nos sentimos aún más orgullosos que la vez anterior, pues la práctica nos había ayudado a afinar la colocación de las piedras y a mejorar nuestras habilidades para proseguir la obra. Pero a la mañana siguiente, después del necesario descanso, volvimos a encontrarnos con la cerca derruida, vencida por una misteriosa fuerza mientras el cemento aún se encontraba fraguando. Bastante disgustados, nos asomamos otra vez a la llanura para encontrar alguna pista. Y nos encontramos a una lugareña que parecía venir a nuestro encuentro: traía la advertencia de que el habitante de la casita de teja, un anciano de malas pulgas, estaba haciendo aquello porque le molestaba nuestro muro.
En aquella ocasión reconstruimos la cerca a toda prisa, sin muchos miramientos, poniendo los cascotes unos sobre otros de cualquier manera. Al caer la noche nos quedamos despiertos, agazapados a la luz de la luna tras unos arbustos, esperando que apareciese el supuesto responsable de los destrozos. Efectivamente apareció, con paso lento más por decrepitud que por sigilo, armado con un gran palo que le servía para palanquear las piedras por entre los huecos que dejaban. Una vez que echó abajo la cresta del muro, salimos de nuestro escondite y lo abordamos. Su rostro realmente se desencajó al vernos venir y pareció muerto de miedo.
Le preguntamos que por qué tiraba el muro. El viejo exclamó entonces que no era él, se sacó la gorra y la tiró al suelo, y saltó varias veces sobre ella mientras juraba repetidamente por Dios que él no había sido. Nosotros le dimos una paliza salvaje; después nos felicitamos por el avance de la obra y nos fuimos a dormir.
Foto: murallas de Constantinopla, en Estambul [fuente].
7 de febreiro de 2010
Los preparativos
MEMORIA REFERENTE A LA EDIFICACIÓN DE UNA FORTALEZA EN LA MARGEN IZQUIERDA DEL RÍO LETE, A LA ALTURA DEL PASO DE LAS ALMAS (extracto)
a) SITUACIÓN
La orilla izquierda del Lete por donde pasan las almas está conformada en su mayor parte por un arenal salpicado de piedras volcánicas y de abedules secos. Asomada al río, en un pequeño recodo, se levanta una gran roca balsáltica de aproximadamente 15 metros de altura y con la cima plana, apenas accesible a través de una rampa en su vertiente norte.
Hacia oriente prolifera la vegetación, primero en forma de arbustos, luego de bosques, y más allá está la tierra de los hombres con sus campos y ciudades. Hacia occidente está el río, oscuro e inmenso, cuya otra orilla apenas se divisa, porque está sumida en una niebla densa y lechosa que oculta el sol todas las tardes.
b) DIMENSIONES
En proyección, la actual finca tiene una superficie total de nueve mil trescientos cuarenta y seis metros cuadrados, de los cuales se segregarán mil setecientos veintiuno por quedar extramuros, quedando reducido el fundo a siete mil seiscientos veinticinco metros cuadrados entre líneas murales.
c) OBJETO Y MAGNITUD DE LA OBRA
Destinada la finca hasta el presente a acoger un campamento, el propietario trata de fortificarla para asegurar las funciones defensivas y, de paso, para dar mayor amplitud y comodidad a las funciones de vivienda. Se trata principalmente de dar respuesta a las amenazas llegadas periódicamente, no del negro río, sino de las profundidades de oriente, las cuales perturban la vida de la ribera, así como el normal tránsito de los peregrinos. Para ello, se prevé construir una fortaleza con arreglo a los planos adjuntos, disponiéndose una torre en lo alto de la roca, y a sus pies, cerrando el frente de tierra, una muralla de traza italiana con revellín exterior y foso.
d) SISTEMA DE CONSTRUCCIÓN
Se adoptarán muros de sillería de granito con núcleo de mampostería tanto en la torre como en la muralla, salvando en el revellín, cuyo relleno será de tierra, que absorbe con eficacia los impactos de artillería. La torre, de planta cuadrangular, presentará en sus tres lados al arenal muros macizos sólo abiertos puntualmente por aspilleras, y un remate almenado. La muralla del frente de tierra dispondrá de dos bastiones romboidales, cada cual con seis troneras para cañones. Adelantado entre ambos bastiones y con una altura inferior, el revellín contará con el mismo número de troneras.
El lado de la torre que mira al río, es decir, la fachada de la zona residencial, recibirá un tratamiento diferenciado del resto de la construcción: muros de fábrica de mampostería con luces, pilastras e impostas de sillería de granito; balcones con antepechos de hierro y galerías de madera; azotea con revestimiento y antepecho de zinc. En el interior, presentará techos con cielo-raso de barrotillo; tabiques de ladrillo o barrotillo, según su destino; suelos de cemento en la planta baja y de entramado de madera en los superiores, con revestimiento de cemento en los cuartos de limpieza y de mármol en los de baños y retretes.
Imagen: Pantalla de Heroes of Might and Magic III, New World Computing (1999)

