25 de agosto de 2009
8 de agosto de 2009
Color ##: anexo 1
«Piénsese además que, cuando digo que son cuatro las pasiones que perturban el alma -deseo, alegría, miedo y tristeza- lo saco de la memoria. Y, si quisiera disputar sobre ellas analizando y definiendo cada una de estas pasiones según sus especies y géneros respectivos, de allí saco lo que he de decir. Pero, cuando recuerdo estos sentimientos evocándolos en mi memoria, ya no me producen perturbación alguna. Con todo, allí estaban antes de que yo los evocase y volviese sobre ellos. El recuerdo tiró de ellas y salieron a la luz.
¿No salieron, quizá, de la memoria a través del recuerdo como sale la comida del vientre de los rumiantes? Pero entonces, ¿por qué el hombre cuando discute -es decir, cuando las recuerda- no siente en la boca de su alma la dulzura de la alegría o la amargura de la tristeza? ¿Es, acaso, porque el símil puesto, que no es semejante en todo, es precisamente desemejante en esto? Pues si tuviéramos que experiementar tristeza o miedo siempre que mencionamos estas pasiones, ¿quién querría hablar de estas cosas?»
Madrid: Alianza, 1999
21 de xullo de 2009
Color #4: rojo sangre
El color de la sangre anuncia las noches más calurosas del año. Sin embargo, en general, se encuentra de forma sutil en todo, ya que es imprescindible para la vida. Los demás colores necesitan mezclarse con cierta cantidad de rojo para acabar de conformarse, es decir, para formar parte de la vida. Su influjo es benéfico y mortal a partes iguales: es el color de la fuerza y de la plenitud físicas cretinizadas por el bucle del deseo; el color del toro que se entrega furioso a sus asesinos impulsado en el fondo por la terca ambición de sobrevivir.
El rojo es el color del cielo sobre las trincheras de Verdún, cuando está atravesado por un caldo de vapores sulfúricos, y aún sirve como escapatoria para la vista. Se presenta en dos fases: primero provoca un estado de vigor y de alerta extrema, y después un vertiginoso espasmo de impotencia. El proceso, que parte de la experiencia material, desencadena una singular actividad imaginativa, no apacible sino violenta: un viento racheado y furioso que arranca las losas de los tejados. La acústica del rojo corresponde a la de mil tambores que redoblan en compás binario, un-dos, un-dos, marchando en columna.
El rojo es el color de la ansiedad y del traqueteo cardíaco; el color de lo que se avecina, el color del mundo extramuros.
Imagen: Agurdión
28 de maio de 2009
Color #3: amarillo chillón
El amarillo es un color amable y placentero, propio del mediodía, cuando la luz es más intensa y las sombras más pequeñas. No está propiamente en el cielo, sino en los objetos iluminados por él, que se aparecen ante los ojos plenos de vida y sentido. El amarillo es el color de las cosas inmediatas: de los juguetes nuevos, de las rebajas y de los buenos cotilleos; es el empuje de las pequeñas ilusiones: de tener una cita por la tarde, del primer día de vacaciones. Es la alegría sencilla, la risa descontrolada de un chiste, que recorre el cuerpo sin necesidad de comprenderse. Huele intensamente a un ordenador nuevo, justo al ser retirado del embalaje; o a las barracas de una feria, con sus tómbolas y su noria.
Cuando el cielo resplandece, no existe; duelen los ojos al levantar hacia él la vista. El amarillo invita a la concentración en lo que está en la tierra, cerca del observador. Invita a usar gafas de sol; o aún mejor, a adquirir unas nuevas acordes con la moda de la temporada. El amarillo ejerce una función inhibitoria de la imaginación causada por la inflamación de lo concreto. Provoca un estado de hiperactividad durante el cual los sentidos se aguzan y la experiencia sensorial se intensifica en términos de placer. Su acústica suele ser la de un acordeón en compás de 3/4, seguramente un vals de Amélie.
El amarillo es el color de las ganas de participar, del tiempo que está vivo; del presente alegre, leve y sin perspectiva.
Fotografía: Agurdión.
27 de abril de 2009
Color #2: gris plomo
El gris plomo es el color más sombrío, porque es el color del mundo cuando el sol acaba de ponerse y es domingo y mañana hay cole. Es el color de la resaca, de la hipotensión y del desmayo. Es el color de lo que no tiene color, de lo que no huele a nada. Su mayor intensidad la alcanza en la hora de meterse en cama, cuando el silencio es tan grande que hasta se oye el corazón en los oídos, y las sábanas están frías.
El gris plomo es el color del cielo cuando es más pequeño, cuando ha desaparecido bajo un manto uniforme de nubes; es el color de la niebla, el color de la noche cerrada. Provoca una sensación de intensa realidad, como el pinchazo de una aguja; inhibe el ensueño y la imaginación, inflamando la presencia de los objetos inmediatos, que se aparecen tan sólidos como insulsos. Su acústica corresponde a la de los días de lluvia, a la de los trasteros, donde el mundo queda ensordecido y uno sólo se oye a sí mismo.
El gris plomo es el color del tiempo que se agota, que marcha redoblando hacia atrás; es el color del futuro incierto y del miedo.
Fotografía: Agurdión
19 de febreiro de 2009
Color #1: azul pálido
El azul pálido es el más hermoso de los colores, pero el menos común. Su mayor intensidad la alcanza el primer día de primavera, cuando languidece la tarde, acaso si el día está soleado y la piedra caliente. Es el color del viento que regresa cada cierto tiempo, que nos saluda descorriendo largas nubes serpentinadas, y que se va dejando el espacio infundido de olores lejanos.
El azul pálido es el color del cielo cuando parece más grande. Provoca una sensación de anestesia y sueño, donde las imágenes proliferan libres y vaporosas, y se deslizan como la seda entre los sesos. La acústica del azul pálido corresponde a la de los lugares abiertos, a la de las cumbres sobre el páramo, donde puede apreciarse en lo más profundo el ronco acorde del mundo, la respiración del gigantesco animal que duerme.
El azul pálido es el color del tiempo detenido, el color del recuerdo y del escondite.
Fotografía: Agurdión

