Na beira do Lete

... alampan os recordos todos, como brasas atizadas polo vento da morte.

8 de decembro de 2007

Placeres extravagantes

El placer estético tiene a veces caminos controvertidos e impopulares. El público no siempre está dispuesto a escuchar una opinión. Hay una legión de personas prestas a humillar la más mínima excentricidad, en defensa de una supuesta sensatez. Sin embargo, la belleza está en las antípodas de las recetas ampliamente consensuadas de la industria de la cultura.

Si hoy buscamos en cualquier sitio de internet información sobre el compositor Karlheinz Stockhausen, lo más probable es que nos encontremos que se aluden sus polémicas declaraciones sobre el 11-S en Nueva York. Unos días después de los atentados, en una conferencia de prensa, dijo textualmente que "lo que sucedió allí es la mayor obra de arte que haya existido jamás". Debido al revuelo que se suscitó, hubo de pedir disculpas y matizar sus palabras, aludiendo a que quería referirse al papel de la destrucción en el arte. Pero resultó inútil.

Stockhausen, recientemente fallecido, ha vuelto a ser recordado en los medios por aquel episodio. Y es que, pese haber sido el músico alemán más importante de la segunda mitad del siglo XX, una opinión polémica puede resultar más sugerente para la audiencia. Hay muchos que podrían sentir su inteligencia reconf
ortada al saberse más sensatos que las grandes eminencias de las artes. Pero Stockhausen no será censurado por quienes han pensado la belleza alguna vez, y han advertido sus múltiples caras; ellos saben bien lo que quiso decir, aunque no compartan su opinión.


Muchas veces, el artista se sustrae de la coyuntura de la vida, en busca de ciertas categorías universales. Esta especie de visión trascendente, despegada de los hechos particulares, tiene todos los ingredientes para ser rechazada por la opinión predominante de un momento dado. Por esto, la experiencia estética es antes individual e íntima que un fenómeno de masas. Sólo así puede sostenerse su dimensión reflexiva, crítica, que aspira a desmarcarse de los criterios de gusto y de aceptación.

Y es que a menudo se confunde la experiencia estética (intelectual, interpretativa, consciente) con la reacción inmediata, automática, inconsciente ante objetos hipercodificados producidos para el consumo masivo. Por ejemplo, unas zapatillas Converse con un diseño 'muy original' poseen una interpretación de fábrica, y no han sido concebidas para recibir una nueva. Hacerlo, en todo caso, constituirá una excentricidad y una pérdida de tiempo. Se trata de un planteamiento antiarte causado por una confusión sobre lo que significa el arte. No obstante, también el arte tradicional es susceptible de entrar en la dinámica de la 'opinión estándar', como fácilmente demuestran la Gioconda o la Primavera de Vivaldi.

Lo que digo no es un reproche. Simplemente una constatación. La cultura de masas existe, nosotros vivimos en ella y a veces también nos seduce. El problema es que a veces la opinión estándar, ingenua y trivial, se vuelve despótica, se impone como modelo. Mientras tanto, aunque pretendan un universal, las opiniones estéticas son tantas como individuos. En ese contexto es donde debemos entender que las palabras de Stockhausen constituyan un agravio a la moral y al gusto.

Renunciar a un placer extravagante, a una belleza encontrada en condiciones no consensuadas, es un despilfarro que no lo hace a uno mejor persona. Pero no es necesario publicarlo, refrendarlo en los demás. Ahora bien, si toda emoción ha de ceñirse a lo politicamente correcto pensemos qué nos queda. Si yo debo sentir repugancia al mirar un documental de Leni Riefenstahl, o entender Muerte en Venecia como una apología de la pedofilia, mientras que, al contrario, tengo que alucinar con la violencia de Tarantino (justo porque está hipercodificada) me condeno al aburrimiento.

Foto: Karlheinz Stockhausen (AP)

4 comentarios:

patricia dixo...

Dos ideas rondan en mi cabeza tras leer tu artículo. La primera es la deturpación de los conceptos, la otra la oportunidad de los juicios "ad hominem".

Tengo la sensación de que la masa entiende el arte como todo aquello que se guarda en un museo. De hecho, para muchos el principio constitutivo del arte es que alguien haya defendido su valor previamente, que el tiempo lo avale y que esté bajo medidas de seguridad.

La otra idea popular del arte es de tipo "folletinesco". Un torero puede tener mucho arte, un bailaor, un cantante de OT, Camarón o Tamara Rojo. Esta noción es más volátil y básicamente parte de la capacidad de determinados personajes o celebridades de conectar con la gente, bien sea por su carisma o por su atractivo, su don de gentes o las circunstancias.

La belleza ya no existe. La cámara digital la ha asesinado. Vamos de viaje y no pasamos ni 5 seg ante un paisaje turbador sin la pantalla de la cámara ante nuestros ojos. Esto es sintomático de que nos hemos educado a verlo todo a través de filtros. Alguien dice que la brecha del TATE LONDON es arte. Vale. El grafitti es arte, porque si no lo dices no eres moderno y eso es lo peor que te puede pasar. Has cavado tu tumba social. Ver como modelos esqueléticas contonean sus huesudas fisionomías al ritmo del "punchi punchi" es arte. Un violinista que pide por la calle no es arte, es un indigente con una cualidad que no ha sabido explotar. ¿Que diferencia existe entre la forma de cantar y bailar de Bisbal entre su período en la orquesta y ahora? Sus publicistas.

La otra idea eran los juicios "ad hominem". Son desconcertamente preocupantes. A quien se le han de reprochar? Dicen diversas biografías que Hitler era vegetariano y estaba en contra de la experimentación con animales. Parece que no opinaba lo mismo con respecto a la experimentación sobre lo judío.

Martin Luther King era un maltratador y habitual de prostíbulos. El más famoso activista proderechos civiles de los negros y las negras. Follaría putas blancas o negras??? A las blancas para dominarlas y a las negras para redimirlas ("podréis cobrar lo mismo que una puta blanca")???

Conocidas son las filiaciones fascistas de Wagner, Hergé ... pero no se lo reprocharemos... El presidente del gobierno educa a sus hijos en centros privados y ha de velar por la enseñanza pública. El Estado nos educa para la paz y todos pagamos un ejército. Aumentamos las ayudas al tercer mundo y nuestras ventas de armas a Latinoamérica.

Aznar, defensor de la familia tradicional se nos separa. Los gays del partido popular no salen del armario pese a la postura de su organización. "Yo soy yo y mi contradicción" podríamos decir, pero... hasta que punto toleramos esas disonancias y las utilizamos como armas arrojadizas contra los demás? La descalificación "ad hominem" sin duda es la más corrosiva, por su efectividad. Nos gusta ver que los "cranios privilegiados" son tan mezquinos como nosotros.

Enrique dixo...

Lo peor de la cultura de masas son ciertos comentaristas que se sitúan muy por debajo del peor simulacro de arte.

El empalagoso potaje del comentario que me precede, sin orden ni concierto, pretende sentar cátedra cogiendo todo tipo de materiales podridos, caducados y llenos de bichos, agitados en una coctelera al compás de un extraño max mix.

El resultado, tan estéril como pueril, rezuma el aroma quien no sabe que el silencio de los ignorantes es la más sabia actitud.

Lamento que este digno blog reciba a tales hermeneutas.

patricia dixo...

Lamento que la cultura de masas nos permita tantos canales de expresión que una eminencia como usted acabe encontrándose con unos comentarios tan indignos como los míos.

lukas dixo...

Excelente comentario, Patricia.

La alta cultura no lo hace a uno mejor persona, pero prefiero eso a enfangarme en la culturilla de masas...

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